Todo empezó en esta misma parroquia de Arroyomolinos, La Asunción de Nuestra Señora. Yo llegué al pueblo en el 2009, después del fallecimiento de mi padre, y comencé en el colegio el Torreón. Teniendo en cuenta la situación de mi familia y mi situación personal, mi inicio en el colegio fue un poco catastrófico; debido a que no conocía a nadie y tampoco me adaptaba a la clase. Pero un buen día, un muy buen amigo me invito, de una manera espontánea y completamente inesperada, ir a nuestra querida parroquia y ser monaguillo para ayudar en misa. Aquí comenzó toda mi vida cristiana, en esta misma parroquia dí mis primeros pasos en la fe y en la espiritualidad. Mi siguiente salto en mi relación de amistad con el Señor, fue entrar al Seminario menor de Getafe en Rozas de Puerto Real. Allí aprendí toda la religión que sé y también aprendí a vivir con Jesucristo en el centro de mi vida. En la primera convivencia que tuve con mi curso de Rozas, en Piedralaves, tuve mi primer encuentro espiritual con Jesucristo expuesto en la Hora Santa. Desde ese momento, la Exposición del Santísimo ha sido una de las mejores formas de orar a Dios y poder tener una conversación intensa con mi Creador. En esa experiencia sentí que Jesús me pedía seguirle y servirle, con solo 12 años, esa revelación fue lo que dio completo significado a mi vida, haciéndome superar mis propios problemas y los de mi familia. Pero como todo el mundo, las sombras acudieron a mí en la adolescencia, tiempo en el cual me perdí y rechacé la mirada misericordiosa y llena de amor del Señor. Acudí a lo que el mundo me ofrecía, para sentirme más independiente y dueño de mi propia vida. Dejé el seminario menor para ir a Irlanda y hacer un año de intercambio. Lo que realmente hice fue separarme de todo lo que me ataba a tener una vida responsable, sobria y ordenada. Fue un año en el cual llené de muchas cosas mi tiempo y nunca dejé un hueco en mi corazón para Dios. Durante ese año de intercambio me dí cuenta que si volvía a España necesitaría un instituto en el cual pudiese hacer un bachillerato con una guía y una ayuda por parte de los profesores, debido a que la educación en Irlanda es muy baja en comparación con la española. Gracias al Señor, decidí volver al seminario menor. Fue la decisión más acertada de toda mi vida, después de haber entrado al seminario mayor. Empecé Segundo de Bachillerato y además de lo complejo que era el curso, me enfrentaba a mí mismo. Contra mis creencias, con mis vivencias y con el estilo de vida que había estado llevando, pero entré con una actitud de búsqueda de la verdad. Acudía a misa, me confesaba e intentaba hablar con los sacerdotes. Todo cambió un 16 de diciembre, de una manera sutil y personal el Señor me llamó a ser su siervo otra vez. En la capilla un compañero mío, que es seminarista mayor, me miró y me dijo: “¿Qué harías si el Señor te llama a servir?” y yo contesté que lo haría, pero que era muy difícil. A continuación, me mencionó el pasaje del Génesis en el cual Adán y Eva se escondían de Dios porque habían pecado y tenían vergüenza de ellos mismo. Esto me dejó sin palabras, porque se me había revelado una carga que llevaba en el corazón, que me hacía daño y que Dios, a través de mi hermano, sabía y conocía perfectamente, y la podía sanar. Después de una Hora Santa preciosa en la cual sentí como nunca al Señor; noté, percibí y sobre todo sentí como Dios me daba un abrazo en el cual me perdonaba todo y me pedía ser su sacerdote. Mi rector me ayudó, me consoló y me dio muchas fuerzas.